Eran las 10:40 de la mañana cuando se escuchó un crujido seco, casi como una queja. Luego, el estruendo. Parte de la estructura del muelle de Huanchaco esa pasarela de madera que durante más de un siglo se adentró con solemnidad en el mar se quebró de forma abrupta. No hubo aviso. Solo un colapso repentino y la imagen dolorosa de un símbolo turístico de La Libertad cayendo al mar.
Según testigos, la estructura cedió de golpe, como si se rindiera, como si ya no pudiera sostener ni su propio recuerdo. El muelle, que desde hace años pedía auxilio a gritos, finalmente se cansó de esperar. Y aunque ya estaba clausurado desde hace tiempo, el daño no se detuvo; al contrario, continúa deteriorándose frente a los ojos impotentes de la comunidad.

No era un espacio cualquiera. Inaugurado en 1891 como embarcadero para la actividad comercial, el muelle fue transformándose en un punto vital del paisaje costero de Trujillo. Desde allí partían pescadores con sus caballitos de totora, se organizaban paseos, se celebraban rituales y se vivían atardeceres que muchos aún guardan en la memoria. Era parte del alma de Huanchaco.

Pero desde el 2 de marzo de 2022, una medida cautelar impuesta por la Capitanía de Puerto Salaverry de la Marina de Guerra del Perú ordenó su cierre total, en el marco de la Apertura de Investigación Sumaria N.º 002-2022 SY. El diagnóstico era claro: el deterioro estructural representaba un riesgo inminente para la seguridad de visitantes y residentes. La advertencia fue oficial, pero no fue la primera.
Vecinos, pescadores y autoridades locales venían alertando del mal estado del muelle desde años atrás. Las bases metálicas corroídas por la humedad, los pilares de madera debilitados por la sal del mar, los tablones flojos y desgastados que ya no soportaban el paso de nadie. Se hablaba de proyectos, de restauraciones, de presupuestos. Pero nada se concretó. Cada promesa incumplida fue otra grieta más.
El Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) confirmó el colapso del sector frontal izquierdo. Afortunadamente, no hubo víctimas, gracias al cierre preventivo. Sin embargo, la pérdida va más allá de lo físico. Cada pedazo de madera que cede es también un golpe al corazón del balneario. Los pescadores han perdido su plataforma natural, los guías turísticos su punto de partida, los comerciantes su escaparate frente al mundo. El golpe es económico, sí, pero también profundamente simbólico.

Hoy, la Oficina de Defensa Civil realiza la Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades (EDAN). Se habla nuevamente de restauración, de reconstrucción, de inversiones. Pero en las calles de Huanchaco, en las redes sociales, en las miradas de quienes crecieron caminando por ese muelle, la pregunta persiste:
¿Por qué se tuvo que esperar a que cayera?
El muelle de Huanchaco no cayó en un solo día. Cayó lentamente, con cada año de abandono, con cada informe ignorado, con cada visita pospuesta. Cayó como caen las cosas que todos creen eternas.

Y aunque un día vuelva a levantarse, aunque se reconstruya glorieta por glorieta, el recuerdo de este 21 de mayo de 2025 quedará clavado en la memoria colectiva como una astilla. Una que duele. Y que no se olvida.


