Por: Alejandro Smith Bisso
El Señor Jesucristo de la Humildad y la Paciencia es una de las devociones de origen colonial que se mantiene en la parte baja de la cuenca del río Huaura; específicamente en Luriama, en la zona que aún se conoce como -Campiña de Huacho-. Es un fervor de la pasión de Jesucristo, hoy es poco común encontrarla en Sudamérica. Lo singular es que -es uno de los pocos rastros que quedan del paso de los primeros religiosos misioneros de la fe católica-. Estos fueron llamados doctrineros, hoy en día los ubicaríamos como -catequistas- pertenecieron a órdenes religiosas como: mercedarios, franciscanos, dominicos y jesuitas. Ellos educaron y predicaron, por temporadas, en estos centros de producción agrícola y pecuaria, hace 450 años, en largos periodos centenarios. Fue un trabajo constante, para asimilar a la población indígena inca, al nuevo orden feudal y monárquico de los invasores ibéricos, en castellano y negando el valor del runasimi.
Huacho se establece como Encomienda, conformada por varios ayllus incas, entregada de primera mano al español, don Benito Ventura Beltrán, en 1535; nuestra ciudad actual no existía ni en proyecto. Administrar una Encomienda no distó mucho de administrar una hacienda, implica hacer producir a la gente como esclava, proveyéndoles servicios, entre ellos, la catequización.
En la Campiña de Huacho se ubicó una iglesia como, centro misionero y primeras letras, sobre cada uno de los ayllus incas o centros de producción agropecuaria. De manera que, en los dos ayllus de Chonta, en: Jopto, Huacán, Luriama, Hualmay, Carquín, Amay, Chaquila o Cercado de Indios y los otros, se ubicaron iglesias pequeñas, que a su vez fueron lugares de aprendizaje del castellano, de la vida de Jesucristo y también de la fusión de conocimientos: indígena e hispano. Esta fusión ancestral nos queda en la piel y el habla, y en: la sopa huachana, la salchicha de Huacho, el cebiche de pato y la pachamanca; pues la Campiña de Huacho, hoy distrito de Santa María, es un centro importante de domesticación de plantas y animales de alta utilidad en el Perú.
En el Norte Chico, en la parte alta de la cuenca del río Huaura, aún se resisten al paso invasivo y desordenado de la modernidad que llega a los sitios alejados, pequeñas iglesias de hace más de cuatrocientos años. Vestigios auténticamente coloniales, de esa ocupación española de esclavismo y religión a cambio de pan, enajenando al nativo de su tierra de origen. En la variada y exuberante iconografía de estos templos del primer tiempo colonial, aparece la imagen del Señor de la Humildad y la Paciencia, también san Bartolomé apóstol -en su representación original como exorcista

