Al cumplirse 1.169 días desde el inicio de la guerra, Ucrania y Rusia intercambiaron nuevos ataques en vísperas del alto el fuego unilateral de 72 horas anunciado por el presidente ruso, Vladímir Putin, con motivo de las celebraciones del Día de la Victoria en Moscú.
Poco antes del inicio de la tregua, Rusia lanzó un ataque masivo con cuatro misiles balísticos y 142 drones sobre territorio ucraniano. Al menos un misil y 28 drones fueron detectados en el espacio aéreo de Kiev, donde se registraron dos muertos y ocho heridos, incluidos cuatro niños. También se reportaron ataques en las regiones de Zaporiyia, Donetsk, Zhitomir, Jerson y Dnipro.
Putin propuso el cese de hostilidades desde la medianoche hasta la noche del 10 al 11 de mayo, una iniciativa respaldada por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, rechazó la propuesta y exigió un alto el fuego de al menos 30 días.
En respuesta, Ucrania atacó Moscú con drones por tercer día consecutivo, lo que obligó al cierre de la mayoría de los aeropuertos de la capital rusa. Los ataques coincidieron con la llegada de líderes internacionales como Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro, Luiz Inácio Lula da Silva y Xi Jinping, invitados a los actos conmemorativos en la capital rusa. Según el Kremlin, los ataques afectaron al menos 350 vuelos y alteraron los planes de viaje de 60.000 pasajeros, calificando la ofensiva ucraniana como un acto de «terrorismo».
Mientras tanto, el expresidente estadounidense Joe Biden criticó duramente la posición de Trump, afirmando que presionar a Ucrania para ceder territorio a Rusia representa un «apaciguamiento moderno» que no detendrá la agresión del Kremlin: «Cualquiera que piense que va a parar es tonto», declaró.
Por otro lado, la Unión Europea continúa bajo presión internacional por los 23.000 millones de euros pagados a Rusia en concepto de energía durante 2024, ingresos que siguen sosteniendo la maquinaria de guerra del Kremlin.

